Después de una fuerte
lluvia, muy temprano por la mañana me percate de una briza en el ambiente, acurrucada
entre las sabanas, con ganas que la noche continúe para poder disfrutar del
sueño desmedido.
Por lo general, el
prejuicio que algunos tienen para estos días que nos sorprenden con lluvia es
de días tristes, los catalogamos como días malos por el simple hecho del
factor climatológico, que además desencadena una serie de
dificultades: no hay transporte o los micros están rebalsando, los zapatos
mojados, etc.; sin embargo desde el principio estamos atribuyendo un
pensamiento significativo a nuestro día y de esta manera nos condicionamos a
esperar lo peor. A muchos de seguro les sucede, pero a otros no, todo depende
de nosotros mismos y de lo que deseamos para cada día en particular.
La jornada empieza a
tempranas horas, dejemos la flojera de lado, botemos las sabanas y
dispongámonos a tener un buen día. Disfrutemos la bendición de tener una nueva
oportunidad de respirar, apreciemos la belleza de nuestro alrededor y no nos
perdamos ningún detalle del día.
Hagamos de nuestro día
lluvioso, un día diferente.
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